tristana

El tema de la perversión es un recurrente en las películas de Buñuel, así tenemos que obras como El, o La joven, o de la que ahora nos ocupamos tienen esta temática central.
Tristana, como su nombre indica es una muchacha triste, triste Ana, apesadumbrada por la reciente muerte de su madre, y huérfana de padre desde muy niña.
Don Lope, amigo de su madre (la trama no nos muestra muy específicamente el tipo de relación que mantenía con la madre) se hace cargo de ella en su desvalimiento, debido tanto a su juventud, tiene unos 19 años y su orfandad.
Sin embargo las intenciones de Don Lope no son tan buenas como pareciera a simple vista. Bajo su apariencia de hombre respetable y recto esconde otras facetas más oscuras.
Se lleva a Tristana a su casa, empeñando todas las posesiones de la casa materna. Al forzarla a abandonar todos los objetos maternos, la condiciona de alguna manera a identificarse con él y rendirse a su dominio ante la pérdida sufrida.


De esta manera la lleva a su casa, donde está obligada a someterse a su autoridad como hacia un padre severo. Aunque aparentemente no la trata mal, se podría decir que se encuentra recluida, no la deja salir de casa y es totalmente dependiente de él, hasta para satisfacer sus necesidades más básicas.
No es de extrañar pues, que Tristana desarrolle desde el principio una relación ambivalente hacia él, que muestra en sus sueños y fantasías, captando desde el inconsciente la orientación perversa de Don Lope hacia ella. Así sueña con la campana de la Iglesia que es tocada por la cabeza cortada de Don Lope, se funden en este sueño por un lado la mención a la madre muerta, muy religiosa, de cuya pérdida no se ha recuperado, y por otro lado hay una alusión al goce sexual y a la vez agresividad contenida hacia la figura de Don Lope, que representa con la cabeza cortada.

el_sueno_de_tristana

Hay una referencia continua al despertar del goce sexual en la adolescencia representado por un muchacho adolescente que además es sordo mudo, es decir tiene negada la palabra.
Tristana también se muestra cercana a este muchacho como se ve por las muestras de atención y el jugueteo que muestra con los adolescentes.
Don Lope se va a aprovechar de este despertar sexual de Tristana, así como de su vulnerabilidad y dependencia hacia él, para seducirla y convertirla en su amante.
Tristana no obstante no tarda en rebelarse, soltando “al perro rabioso” que lleva dentro, y lanzándose al encuentro de su deseo, lejos de las ataduras de Don Lope.
Así se nos muestra una constante en el cine de Buñuel y es la mujer representada en esas dos facetas, como una santa o como una mujer fatal. Tristana pasa de un extremo al otro a lo largo de la película.
Tristana intenta liberarse del sometimiento y abusos de Don Lope, e intenta alcanzar su independencia, hacerse dueña de su deseo. Pero no obstante ha quedado atrapada en ese empuje del goce, en la fijación fálica que le hace buscar el deseo del otro por encima de todo. Así se nos muestra como una mujer liberada, independiente, pero prisionera de esa orientación perversa del deseo que los abusos le han provocado.
Parece que por un lado ha conseguido liberarse, formar una relación sana, pero por otro la maldición la persigue, como si estuviera condenada de cualquier manera, desarrolla un cáncer en una pierna, de nuevo se siente dependiente y frágil como una niña, insegura ante el temor hacia la muerte, y ante la angustia vuelve con Don Lope.
La condena se cumple de manera muy dramática y acaba perdiendo la pierna, o más bien siendo castrada, para evitar que la enfermedad se apodere de ella por completo.
Ahora ya no tiene forma de huir de Don Lope, quien se siente complacido por el destino de Tristana, “ahora ya no se me escapa” dirá. A Tristana sólo le queda vengarse y reafirmarse en la medida en que su situación de invalidez se lo permite.

TRISTANA: La perversión en Luis Buñuel

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