“SOLO EL FIN DEL MUNDO” Y EL CONFLICTO FAMILIAR

La película “Solo el fin del mundo”(2016) de Xavier Dolan, es una historia de ausencias y reencuentros, parecido a algo que casi todos experimentamos alguna vez en la vida, el alejamiento de la vida familiar en la adolescencia para forjar la propia identidad, o puede darse más adelante como le ocurre a nuestro protagonista, en el caso de este se trata de una ausencia más radical, doce años que ha estado sin ver a su familia, únicamente con contactos formales a través de breves postales en fechas señaladas, acerca de lo cual no llegamos a entender muy bien los motivos, tan sólo lo que nos relata al principio:

“En la vida hay ciertas razones que sólo tienen que ver con uno mismo y que te obligan a marcharte sin mirar atrás, hay otras tantas razones que te obligan a volver, después de todos estos años he decidido volver sobre mis pasos para anunciar mi muerte, quiero dar la sensación a los demás y a mi mismo de que soy hasta el final dueño de mi vida.”

También es algo que alcanzamos a inferir observando el tipo de interacción entre ellos, y como transcurre la trama de ese reencuentro de Louis con su familia, que no se alarga más de medio día, o más bien de una comida familiar.

Podemos suponer que el ambiente familiar y el contexto en el que vive no le permite desarrollar su identidad más propia, lo que le lleva a huir y luego a volver creyéndose fortalecido para reafirmarse ante ellos, en la antesala de la muerte por padecer un cancer avanzado, que le devuelvan de algún modo el reflejo de la identidad deseada, que le permita reconciliarse con su pasado e integrarlo.

Aunque resulta que las cosas no suceden como esperaba, Louis es una persona que contrasta bastante con el resto de la familia, así es reservado, educado, delicado, sensible, con una mirada poética hacia todo lo que le rodea, en cambio su familia se ven mucho más prosaicos, habladores, temperamentales, rudos, agresivos (en especial el hermano Antoine) y vulgares.

No sabemos cómo era su relación anterior, pero en este momento se comportan de modo bastante invasivo con él, apenas le dejan espacio para expresarse y por parte de Antoine hay una agresión continua, a través de reproches y desvalorizaciones, que vuelven el ambiente irrespirable.

En los encuentros a solas con cada miembro de la familia le hacen depositario de reproches, interrogatorios, idealizaciones y exigencias, como suplir la ausencia del padre muerto, del que lleva su nombre.

Parece que al marcharse se ha convertido en un mito para ellos, ensalzado por un lado en su éxito como escritor y en cierto modo odiado en la misma medida por su alejamiento, como vemos en la conversación con la hermana Suzanne, cargada de recriminaciones.

Hay por un lado una idealización extrema por parte de las figuras femeninas, en especial la madre (que le demanda de modo explícito ejercer el rol de sustituto del padre, una madre asfixiante, plasmado en la escena del abrazo de la que él se evade orientando su mirada hacia la ventana abierta) y la hermana a la que apenas conoce pues era muy pequeña cuando se fue, y una denigración continua por parte del hermano Antoine como si no soportara su presencia en ningún instante, tal vez se siente menospreciado a su lado, más siendo personas tan distintas, y como una amenaza para su estatus familiar (de ser tras su ausencia el único adulto varón de la familia), provocándole un ataque de celos las deferencias que tienen la madre, su hermana y su mujer hacia él.

Se nos muestran pues como una familia aglutinada, con poca diferenciación entre sus miembros (tratan al otro más como si fuera parte de sí mismo/a que como personas diferenciadas o con una identidad independiente, abundan los juicios y una actitud de control hacia el otro), ambivalente en los afectos, anclada al pasado y sus ausencias (como la muerte del padre, idolatrado y mitificado en el relato de la madre acerca de las excursiones campestres de los Domingos pasadas en familia cuando Louis y Antoine eran pequeños, y que todos se saben de memoria), tanto que todos parecen tener necesidad de huir en cierta medida.

Así mismo podemos suponer en Louis una elusión temprana del contacto íntimo familiar como modo de evadirse de ese ambiente perturbador y forzosamente regresivo, manteniendo un contacto más propiamente formal con ellos como a través de sus postales, o socializando sus comunicaciones en ellas, como le dice la hermana:“parece que quisieras que todos leyeran lo que escribes”. No en vano ha forjado su identidad en gran medida a través de su notoriedad como escritor.

Únicamente apreciamos un momento de verdadero encuentro con su cuñada, Catherin, cuando la cámara enfoca el cruce de sus miradas, parece haber una profunda afinidad atrapada en ese instante, puede que en parte motivado porque no se conocían antes y ella de inmediato establece una comunicación muy cercana con él, integrándolo en la familia al hablarle de sus hijos (sobrinos de Louis), a los que no conoce. Antoine se da cuenta de ello y enseguida intenta sabotearlo burlándose del discurso de su mujer y subestimando el interés que muestra Louis. Podríamos ver a Catherin como una especie de mediador entre Louis y su familia, tanto por esa especial conexión con Louis como por tratarse de alguien ajeno a toda relación anterior entre ellos, aunque sus pretensiones resultan vanas.

Ni siquiera le permiten reencontrarse con una nueva mirada en aquellos momentos importantes de su pasado, rememorándolos, no entienden que quiera volver a ver la casa en la que vivían, así le dice Antoine: «¿Para qué quieres ir? ¿Eres tonto o qué?» 

A lo que Louis responde: «Porque sí, no se… me da curiosidad volver a ver el barrio y ver como ha evolucionado, como el tiempo lo ha modificado, como lo ha maltratado.» 

Y Antoine: «O sea que quieres ir a ver ese zulo de mierda, para ver como el tiempo lo ha maltratado, cambiado…¿no tienes alguna que otra idea de bombero? nos costó más de 20 años irnos de allí, no le veo sentido, es como si voy a Auschwitz y me masturbo en la sangre seca para escribir un poema.»

Tampoco le dejan tiempo para recordar su primer amor adolescente, Pierre. Antoine se encarga especialmente de ello comunicándole de forma fría y cruel la muerte de una persona tan significativa en su vida. Tras lo cual Louis queda conmocionado y se ve obligado a retirarse del escenario familiar durante un rato, que Antoine aprovecha para alentar aún más el desconcierto entre su familia, y ensombrecer la imagen de Louis.

A pesar de esto Louis logra recomponerse para compartir con ellos el postre y manifestarles su disposición para volver y una apertura a mantener una relación más cercana con todos ellos, se trata de un momento especialmente emotivo y de gran complicidad entre ellos, como una declaración de amor, alguien le sostiene la mano debajo de la mesa furtivamente, la madre le guiña un ojo y el gesto turbado de su cuñada. Todo esto es captado a través de la mirada de Antoine que en ese momento se enciende y advertimos lo insoportable que le resulta este escenario, representando Louis para Antoine un tercero rival frente al amor de su esposa, hermana y madre.

Después de esto ya parece que lo único que queda es marcharse que es probablemente la intención de primeras de Antoine, pues prácticamente lo fuerza a irse, llegando casi a la agresión física.

Como el pájaro del final que después de revolotear unos momentos por la casa acaba pereciendo allí, como una metáfora del encuentro de Louis con su familia que no tolera su ausencia pero tampoco su presencia como alguien distinto, luego solo le queda morir o marcharse, “sólo el fin del mundo”. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba