AVANCES EN PSICOTERAPIA: EL MODELO PSICODIALYTICO DE LUIS CENCILLO

En el campo de la psicoterapia al igual que en otros se producen de continuo nuevos desarrollos teóricos que nos permiten entender mejor las problemáticas psíquicas y como tratarlas de manera más efectiva.

Un autor notable y poco reconocido en este sentido fue Luis Cencillo (1923- 2008), a través de su extensa obra de más de medio centenar de libros desarrollo todo un modelo de psicoterapia y de comprensión del ser humano, desde una base dinámica y antropológica, facilitado por su amplia formación en distintos campos, rigurosidad científica e intensa actividad creativa.

La escasez de popularidad de este autor y sus aportes puede ser debido en parte a la densidad del conocimiento que reflejan sus escritos, y que requiere un estudio detenido para apreciarlo en todo su valor y sentido.

Voy a intentar explicar de un modo sencillo cuales son desde mi punto de vista sus principales aportes, y que permita un primer acercamiento a su obra.

Podemos empezar por describir un poco la persona y su formación, pues ello nos ayudará a entender cómo se forjó su contribución. Así su basta formación humanista, era experto en áreas tan dispares como la filosofía, el derecho, antropología, psicología, teología y filología, esta amplitud de conocimientos le permitió crear una base teórica para entender al ser humano de un modo integral, es decir teniendo en cuenta sus distintas dimensiones y sobre todo desde una base antropológica, definiendo al ser humano en sus cualidades más propias y en aquello que le diferencia de las demás especies.

“Pues la Antropología, a su vez, veía yo, había de ampliar los marcos del psicoanálisis y suministrarle el fundamento teórico – empírico necesario para su progreso: el defecto del psicoanálisis tradicional había sido confundir la estructura y la dinámica de los casos con una determinada forma de explicación anecdótica y biográfica (sacada de ciertos casos particulares) y centrar demasiado las esperanzas en un acto cognitivo: el insight, cuando la “materia” que hay que elaborar en la terapia es el magma afectivo simbólico que desde el fondo de la vida inconsciente interfiere” (Como se citó en Vicente Ortiz Oria, 2018)

En ese sentido fue algo novedoso frente a los modelos teóricos acerca de la psique existentes hasta este momento que no tenían en cuenta estos aspectos, y en cambio estaban basados en visiones mucho más parciales del ser humano (por ejemplo una visión mecanicista del ser humano en el caso de la teoría freudiana, visto como un conjunto de impulsos y de energías).

Además va a tomar los distintos aportes existentes en psicoterapia y psicoanálisis para integrarlos en un modelo de base psicodinámica que resulte mucho más eficaz y adecuado a cada tipo de problemática, y que incorpora incluso aspectos de otras orientaciones teóricas o técnicas como la cognitiva, sistémica, social, transpersonal o el psicodrama. Así considera que toda teoría o base de conocimiento tiene su validez, pues ha surgido por algo, normalmente para dar solución a un problema concreto, cuando es fruto de un estudio serio.

El problema surge según él cuando se intenta aplicar una misma teoría a todos los casos, por ejemplo “el Edipo”, “los arquetipos”, “el complejo de inferioridad”, “la escena primaria” …etc, forzando los datos para que encajen en el modelo previo; en cambio propone que cada caso es único y por lo tanto debemos acercarnos a cada uno desde su más pura concreción, sin contaminaciones previas que le fuercen a decir lo que no dice.

La psicoterapia es por lo tanto desde esta perspectiva algo muy creativo pues el terapeuta debe diseñar en cada caso una terapia específica. La teoría de las estructuras psicológicas (neurótica, borderline y psicótica) pierde peso pues cada persona se va a estructurar de modo diferente cada vez.

El postulado de la concreción parte también de la idea de que cada persona va a construir su mundo interno a través del significado que da a su experiencia y todo lo que le rodea, la realidad objetiva no existe para el ser humano, así todo es filtrado por un sistema de símbolos cargados afectivamente. Y este significado que damos a cada cosa también es algo muy particular, es decir para una persona un objeto puede tener a nivel profundo un significado muy distinto que para otra, aunque haya significados más comunes o probables, y también dependiendo del momento concreto vital, su historia, el contexto…etc

En la corriente Freudiana se entendía en cambio que cada objeto había de significar una cosa, siempre lo mismo, generalmente un significado sexual (se puede ver lo distinto que es desde esta nueva perspectiva).

La interpretación hermeneútica de los sueños y del material en psicoterapia en general se vuelve mucho más certera si utilizamos estas herramientas.

Va a incorporar también el aspecto social al psicoanálisis siendo un pionero en darle valor a la relación terapeútica como promotora del cambio, frente al psicoanálisis clásico donde el papel del terapeuta era mucho más pasivo.

Así dirá que el ser humano nace desfondado, es decir que ha de aprender todo lo que es, al no tener instintos innatos que guíen su comportamiento, de ahí la importancia del otro y de la cultura para su formación.

El inconsciente o VICS (Vida inconsciente) como lo denominó, también va a ser algo mucho más abarcativo, incluyendo distintos tipos de inconsciente y niveles de estructuración de la mente profunda, así integra los distintos tipos de inconsciente descubiertos por las escuelas de orientación dinámica: el Inconsciente Pulsional (Freudiano), Intersubjetivo (tenido en cuenta desde corrientes de orientación más afectiva), el Inconsciente Colectivo (teoría Junguiana) y el I. Semántico (destacado especialmente por la Escuela Lacaniana). Introduce además lo que va a llamar Inconsciente Radical, que sería lo más profundo, y que surge de un contacto directo y no mediado con la realidad, explicando aspectos como nuestras intuiciones.

El inconsciente deja por lo tanto de ser una especie de receptáculo aislado donde se almacenan aquellos impulsos y contenidos rechazados de nosotros mismos, y pasa a ser en cambio algo mucho más complejo y en íntima conexión con la realidad externa e interna.

Además de una parte, podríamos decir, más teórica donde lo comentado es sólo unos esbozos, elaboró toda una sistematización de la técnica, diseccionando todos los elementos que contribuyen al cambio para no ir a ciegas en el proceso de psicoterapia como venía ocurriendo hasta entonces.

Así describe las variadas funciones que ha de hacer el terapeuta (no sólo interpretar), el papel de la transferencia y la contratransferencia, los recursos terapeúticos de la personalidad y del proceso, las distintas fases del proceso terapeútico y su modo más adecuado de llevarlas, trabajo con las resistencias y los sueños, entre otros.

Describe en detalle que es aquello que contribuye al cambio, pues tampoco es lo que se pensaba, es decir desde Freud se pensó que era el “conocimiento de uno mismo” lo que contribuía al cambio, sacar a la luz lo reprimido en el inconsciente y liberar los impulsos. Pero esto no es cierto, el conocimiento por sí sólo no contribuye al cambio, si no va acompañado de una movilización afectiva profunda.

“Se ha de producir sí una comprensión, pero total, en la que la mente, el afecto y hasta los recursos comprensivos de la VICS intervengan, y esto necesita madurar a lo largo de bastante tiempo y cuando se produce no es un simple insight, sino una asunción masiva de identidad, emociones pasadas, temores futuros y actuales, líbido en diversas formas (no sólo sexual) y posibilidades de comunicación y de actuación.” (Lo que Freud no llegó a ver, 154)

 Entonces L. Cencillo plantea que lo que se debe realizar no es un análisis (diseccionar un elemento en sus partes sometiéndolo a una reflexión intelectual), sino una dialysis, es decir disolver los “nudos afectivos” que venían obstaculizando el desarrollo de la personalidad, es por ello que denomina a su sistema de psicoterapia, psicodialysis para diferenciarlo del psicoanálisis, y hologénica, en el sentido de que supone la integración de la personalidad en todos sus elementos (teniendo en cuenta todos aquellos aspectos que le afectan).

Así la interpretación, si ha de hacerse, ha de ir muy al hilo del proceso afectivo que se va desplegando si no se quiere lastrar el proceso con interpretaciones prematuras.

Y lo que se ha de hacer más bien es ir promoviendo el proceso de modificación profunda de la personalidad y de “asunción de sí mismo y de la realidad del paciente” comportándose acorde a lo que puede ser más beneficioso para el paciente, y que es intuido a través de la contratransferencia y el material que se pone en juego en cada momento.

Las funciones del terapeuta pueden ser muy variadas sin perder ascendencia y sin influirle en los contenidos que expresa el paciente: estimular y promover la comunicación y el aporte de material, sostener, especularizar, dar apoyo y reforzar la autoestima (sobre todo en las primeras fases, destacando los aspectos positivos del paciente), mostrar comprensión y tolerancia, mostrar firmeza y exigencia en ocasiones, permitirse ser el depósito de las proyecciones y ejercer distintos roles, favorecer el despliegue afectivo, actuar como injertador de energía e identidad, entre otras.

“No es la verbalización ni la interpretación convencional lo que moviliza la VICS, sino eso que se va densificando intersubjetivamente en forma de un modo de verse y de sentirse el paciente que le compromete ante el terapeuta”. (Lo que Freud no llegó a ver, 185)

Va a ser fundamental prestar atención al “aquí y ahora” de lo que se pone en juego en cada sesión, y su trasfondo inconsciente.

Nos dice también que tampoco basta con desreprimir, pues debido al desfondamiento del que hablamos eso supone dejar a la persona en el vacío de significados y la líbido como suspendida, u orientada únicamente hacia la gratificación, se ha de promover que la persona se cree nuevas pautas de conducta y valores acordes a sí mismo y no condicionados por la neurosis, lo que ha llamado resemantización.

“Tampoco explicitó Freud que la personalidad se perturba por exceso, por defecto y por distorsión de afectos, de fijaciones y de relaciones objetales; y que la curación implica la identidad, la disponibilidad, la liberación de apegos y algún sistema de referencia válido, no sólo desrepresión”.

 La curación connota por lo tanto un proceso donde el objetivo último va a ser la adquisición de la identidad:

“Aunque el psicoanálisis haya descubierto el trasfondo impersonal de energías e impulsos inconscientes que subyace en el subsuelo de la persona, ello no impide lo más mínimo que a un nivel más diferenciado estas mismas energías se organicen, se polaricen y constituyan una mismidad personal, autoposesiva y autoponente…” (Dialéctica del concreto humano, 69)

 Entre los factores que se ofrecen para explorar y movilizar la VICS,  destaca la dinámica de la comunicación como uno de los elementos fundamentales dentro del proceso terapeútico, va a ser el primero en incorporar la teoría de la comunicación en una terapia de base psicodinámica, resaltando que el hombre existe fundamentalmente en la comunicación (en este sentido considera que no sería conveniente dejar al paciente en un silencio absoluto, pues nos hace notar que alguien en tal estado deja de funcionar como persona).

Aunque la comunicación terapeútica sea algo distinta de la ordinaria, más intensa y eficaz que esta, pero no es dialogal sino transferencial-contratransferencial (no hay simetría, los interlocutores hablan desde niveles lógicos diferentes), mucho más sutil y profunda, destacando la comunicación de inconscientes, y es que es imposible no comunicarse, aun estando en silencio.

Otros elementos son el efecto movilizador del “como si” (por el cual el encuadre terapeútico es utilizado como un espacio psicodramático, un espacio lúdico y dramático en que todo lo que se haga y diga es representación, supuestamente intrascendente, reversible, sin valor real y mero juego, los sujetos se liberan para dar expresión a sus impulsos), del símbolo (en especial sueños y fantasías por su poder de arrastre simbólico) y de la palabra.

Resalta la importancia de mantener la distancia simbólica, es decir que nada debe suceder que deje de ser lúdicamente intrascendente para convertirse en real y comprometedor.

El llamado Efecto Zeigarnik, que motiva que la persona tienda al cambio y permite la experiencia correctiva de la transferencia, así dirá: “Todo impulso tiende a su satisfacción y si no la encuentra prosigue repitiéndose indefinidamente en el vacío”. Así por ejemplo una persona con carencias afectivas estaría movida a un intento continuo de cubrir esta carencia, aunque sea de un modo inapropiado, repitiendo antiguos patrones.

Señaló como importante descubrir la paradoja concreta que pesa sobre el caso, y como puede ser utilizada en su momento oportuno para dar el giro de abandono definitivo de la neurosis.

Destaca también el papel de la praxis u orientación práctica del ser humano que le lleva a buscar la transformación de sí mismo y de las realidades, así una tendencia progrediente, la tendencia a repetir pero para desde ahí transformar y orientarse hacia nuevas metas, de ahí también la intencionalidad y la tendencia a orientarse en sentido medios-fines (es importante conseguir que el paciente asuma los efectos pretendidos de la terapia).

La persona no va a ser un ente pasivo que se limita a ser víctima de sus impulsos y tendencias inconscientes, si no que va a destacar la libertad del ser humano y el poder de la intencionalidad de sus actos.

El ser humano no se guía sólo por una tendencia a la satisfacción de ciertas pulsiones si no que lo mueven otra serie de necesidades y motivaciones incluso más importantes, como puede ser aplacar el miedo, o la necesidad de conocer y orientarse en el medio.

Y llega incluso más allá al considerar la versión transcendente del ser humano, su tendencia a la mejora y la búsqueda del crecimiento personal.

Este modelo aunque resulte en apariencia complejo (como no podría ser de otro modo si pretende explicar el funcionamiento humano), tiene una orientación muy práctica, y nos permite diseñar una terapia verdaderamente eficaz, que fue el objetivo prioritario de su autor, así dirá: “Todo desajuste psicológico independientemente de su gravedad es tratable, pero no por cualquier terapeuta” resaltando la importancia también de tener en cuenta la personalidad concreta del terapeuta.

Bibliografía consultada:

  •  Cencillo, L. (1971). El Inconsciente. Madrid. Marova.
  • Cencillo, L. (1988). La práctica de la psicoterapia. Madrid. Marova.
  • Cencillo, L. (2001). Lo que Freud no llegó a ver. Madrid. Sintagma Ediciones.
  • Cencillo, L. (1975). Dialéctica del Concreto Humano. Madrid. Marova.
  • Cencillo, L. (1977). Transferencia y Sistema de Psicoterapia. Madrid Pirámide.
  • Ortiz Oria, V. (2018). Lecciones de psicoterapia de Luis Cencillo. Madrid. LC Ediciones

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